«Es tiempo de poner el océano primero» Pablo Lozano Ordoñez

El lema elegido este año por la ONU para conmemorar el Día Mundial de los Océanos, que se celebra el 8 de junio, alerta de la urgencia de proteger nuestros mares

Pablo Lozano Ordóñez | IEO Comunicación

El océano es fundamental para la vida en el planeta. Cubre más del 70% de la superficie, produce al menos el 50% del oxígeno, alberga la mayor parte de la biodiversidad y es la principal fuente de alimento para más de mil millones de personas en el mundo.

Sin embargo, pese a que conocemos desde hace décadas la importancia del océano para nuestra supervivencia, las actividades humanas están poniendo en peligro su capacidad de ofrecer recursos y servicios fundamentales. Ya lo advertía Odón de Buen, fundador de nuestra institución, el Instituto Español de Oceanografía, en 1919: “El mar es una fuente inagotable de alimentación sana, barata, que incesantemente se renueva; pero hace falta reglamentar sabiamente su explotación y sin la base de los estudios oceanográficos no podrá adelantarse un paso, corriendo el grave riesgo de secar la fuente en vez de aumentar su caudal”.

Hoy, más de 100 años después, vemos algunas de las consecuencias de esa “falta de actuación sabia”, pese a que la oceanografía no ha dejado de desarrollarse y las alertas de sus científicas y científicos son continuas. Solo hay que visitar nuestra web y leer, sin ir más lejos, algunas de las noticias de los últimos tres meses: el ritmo al que aumenta el nivel del mar en España se ha duplicado en los últimos 30 años, algo preocupante en nuestro país que implicará el retroceso de la línea de costa, pérdida de playas y un mayor impacto de los temporales en infraestructuras costeras. Las poblaciones de cigala en Galicia están por debajo del punto mínimo desde 1994 y su biomasa actual tendría que ser 50 veces mayor para alcanzar el rendimiento máximo sostenible, un ejemplo más del colapso de muchas pesquerías. La mayor parte de los contaminantes emergentes como fármacos, productos de cuidado personal o plastificantes no están adecuadamente regulados y no se contemplan en los programas de seguimiento de la contaminación, es decir, que si ya es preocupante lo que vemos y medimos, aún lo es más lo que no vemos.

La comunidad científica no cesa de alertar sobre las consecuencias de los impactos de nuestra actividad en los ecosistemas marinos, pero también son optimistas de cara a su recuperación. Los océanos han demostrado que, una vez se suprimen o reducen los impactos, sus ecosistemas y poblaciones son capaces de recuperarse. Y encontramos también ejemplos muy recientes entre nuestras noticias: tres años después de proteger la reserva marina de L´Illa de l´Aire en Menorca, las poblaciones de peces aumentaron su abundancia y biomasa en un 50%. Los fondos marinos del delta de lava de la isla de La Palma, tan solo un año después de la erupción, presentaban una enorme cobertura de algas y algunas colonias de especies de lento crecimiento y de especial interés para la conservación como los corales negros sobrevivieron incluso quedando a escasos centímetros de la lava.

Es momento de propiciar las condiciones para que la naturaleza revierta el impacto que hemos generado en las últimas décadas. La ciencia, por supuesto, seguirá siendo fundamental en este proceso. Además, queda mucho conocimiento por generar y muchos lugares por explorar, pero es más urgente que nunca pasar a la acción y, para ello, es necesario el compromiso de toda la sociedad.

Feliz Día de los Océanos

Autor de las fotografías: © David Díaz | IEO

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